Historia

A principios de los noventa, Jaime Llabrés plantó una pequeña parcela con un “tutifruti” de cepas, entre otras, prensal, chardonnay, chenin blanc, syrah, cabernet y merlot, con el objetivo de estudiar su adaptación al clima y al suelo de Mallorca.

Para vinificar los primeros resultados de las diversas variedades de vid, utilizamos pequeños depósitos de inox equipados con sistema de frío, que colocamos bajo un enorme algarrobo. Curiosamente los resultados fueron muy satisfactorios. La crianza se hizo en barricas acomodadas en el fresco sótano de un garaje de Palma.

De esta aventura se obtuvieron algunas barricas con vinos de muy buena calidad y fueron embotellados, y también algunos vinagres que eran muy apropiados para aliño de ensaladas.

A mediado de los años 90, se involucra toda la familia para plantar nuevas viñas, incluido el Joven Jaime J. Llabrés que con cinco años empieza a descubrir el mundo del vino y crece al mismo tiempo que el viñedo y la bodega, actualmente, cuida de las relaciones con los clientes y supervisa el funcionamiento general de la bodega y viñedos.

Hacía ya algunos años que el celler de Son Prim en el pueblo de Sencelles, estaba en desuso, con sus dos “cup” de piedra viva, sus grandes toneles de encina, resultaba complicado ponerlo al día, la mejor solución era hacer un nuevo celler.

En pleno campo y pegada a los nuevos viñedos, en el año 2003 iniciamos las obras y las terminamos con el tiempo justo para entrar la primera cosecha en el año 2004.

Ya tenemos un espacio cómodo para la fermentación y un espacio bajo tierra para la crianza, el resultado fueron unos magníficos vinos varietales, había nacido una nueva bodega, y una nueva botella de vino.

Los vinos empezaron a viajar para ser disfrutados y apreciados por distintos países, en estos viajes se van haciendo amigos y así es como conocemos a una persona excepcional, Toni Bucher, un gran amante y conocedor del vino, que se entusiasma y se implica rápidamente en un nuevo proyecto, en el cual no hay lugar para la mediocridad, y el objetivo es claro: hacer únicamente grandes vinos.

Para esto, se precisa, entre otras cosas, un muy bajo rendimiento de uva por cepa, esto nos obliga a aumentar la superficie del viñedo para que obteniendo 3.500 botellas por hectárea, poder mantener la producción actual.

Contamos con la dirección de Alain Bramaz, enólogo que cuida todos los procesos, desde el momento de la plantación de nuevos viñedos, la elaboración y crianza del vino y su conservación en botellas.