Historia
La historia de la bodega de Son Prim es la historia del cultivo de la viña, el vino, y también de Jaume Llabrés. En su trabajo como restaurador de muebles muy antiguos, notaba la falta de sol y aire puro, lo que le sirvió de pretexto para empezar a “restaurar” las viñas de su Familia.
En la la casa familiar de Sencelles, conocida como Son Prim, y en cuyo pequeño celler se elaboraba año tras año el vino para consumo de la casa y de los “amigos”, Jaume tiene uno de los recuerdos mas inolvidables: cuando siendo muy niño y (supone) después de dar mucho la lata, le dejaron subir al “cup” para “ayudar” junto a su abuelo y su padre en el pisado de los racimos. Que sensación!
Han pasado 15 años desde que se replantaron las seis hectáreas de viñedo ubicadas en varias parcelas cercanas a la carretera que va de Inca a Sencelles . “El interés por mejorar la calidad de aquellos vinos nos llevó a plantear un nuevo concepto de trabajo y empezamos por el principio: las viñas. Se replantaron en el año 1993, sustituyendo las viejas plantas con variedades más aptas para la crianza como la merlot, cabernet y syrah”.
El siguiente paso fue modernizar el celler, no la forma de hacer el vino-apunta Jaume- la mejor manera de modernizarlo era hacerlo Nuevo y así se construyó una nueva bodega que inauguraría la vendimia del 2004.
Jaume cultiva en propiedad cerca de seis hectáreas, donde el terreno está formado por arcilla roja llamada en Mallorca “call vermell”, arenas, calizas y una gran cantidad de cantos rodados. Esta arcilla actúa como un almacén de nutrientes para las cepas y retiene el agua de la lluvia que además no corre y profundiza porque la zona es llana. Todo ello conforma una tierra en la cual las raíces alcanzan gran profundidad, y desarrollan su sistema radicular, obligando a la planta a buscar los mejores nutrientes. Para mantener la estructura del suelo y favorecer su flora microbiana beneficiosa se evitan los abonos minerales y sólo se ayuda a la tierra con materia orgánica cada dos o tres años.
Un trío de tintos
El resultado: unos vinos monovarietales para perdurar en el tiempo, con una personalidad marcada que reflejan la singularidad de las variedades foráneas syrah, cabernet sauvignon y merlot y el terruño donde se asientan.
Con esta última variedad elabora el vino más original de la bodega: un blanco de merlot. Este año sacará 50.000 botellas de vino tinto y 4.000 de blanco que se distribuirán principalmente en Mallorca.
Cuando Jaume habla del vino le chispean los ojos y alude a él como “un producto fascinante, sorprendente y diferente en cada añada. Es el brebaje mas civilizado que conozco, expresivo y comunicativo… se puede pedir más?”
¿Su reto? “Hacer vinos de calidad, atractivos, que nos ayuden a disfrutar de la vida”.
